29 de octubre de 2013

Las Consecuencias del Canal Interoceánico hasta hoy

Hace ya casi 5 meses, en una velocidad exprés, el Presidente envió a la Asamblea, se aprobó, ratificó y entró en vigencia la Ley que otorga la concesión del canal Interoceánico a un empresario chino que se llama Wang Jing. Absolutamente todos los sectores del país se han opuesto a la idea. Hubo una marcha ante la Asamblea contra el Canal. Se han realizado foros científicos que opinan que no debe hacerse el canal. Se ha hecho un gran impacto mediático legitimando al señor Wang como empresario real, al punto de una delegación de empresarios viajando a China a reunirse con el hombre.

El impacto prometido es de cientos de miles de empleos, el salto adelante en cuanto a pobreza del país, ganancia por el transporte de mercancías y un montón de maravillas más que catapultarían a Nicaragua al primer mundo. Este impacto lo prometen el Gobierno y los portavoces del oriental personaje. Y además condicionan esto a unos estudios de impacto ambiental.

El impacto prometido por científicos de todas las ramas, y políticos de todas las denominaciones es de la destrucción del ecosistema del Lago de agua dulce más grande de Centroamérica y de los ríos que dependen del mismo, eliminación de tierra arable para reforestar la cuenca del lago, y hasta un impacto sísmico en la isla de Ometepe con las excavaciones del cauce por el que van a pasar barcos de gran calado, en un lago con baja profundidad.



El Canal es posible, especialmente con la capacidad China de destruir el medio ambiente. La verdad es que prefiero analizar cuales son las consecuencias que ha tenido el Canal hoy. 

Nicaragua hizo noticia a nivel mundial en algo que no se percibe 100% malo, y es difícil pensar en la última vez que la noticia no era mala. Leerlo como empresario además es importante: si llegás con reales, cualquier cosa podés hacer en Nicaragua, el gobierno te apoya y los empresarios locales están contentos.

Esto envía un mensaje entre líneas bien conciso hoy: veni hace negocios a Nicaragua (con nosotros). Daniel Ortega puede hacer tus negocios posibles. No lo ofrecen ni los empresarios presidentes de otros países cercanos. Esta idea se va a reforzar con una eventual reforma constitucional que incluya un órgano mixto entre el empresariado de COSEP y el Estado como ente oficial de diálogo.

¿Cuál es otra clara consecuencia al día de hoy?

Una reforma sin fondo

Hace ya como un mes un amigo me comentó en privado sobre una reforma constitucional que tuviera como centro permitir la reelección indefinida, mezclandose también con un mecanismo de consulta supra-parlamentario entre empresarios y gobierno. Me dijeron  que 50 artículos se iban a cambiar. Lo primero que pensé fue son capaces, pueden (legalmente), y quien dabe qué más van a querer cambiar.

Ahora que salió en los medios y que ya hay una discusión como las que ha habido desde 2008 que la quieren cambiar, me pongo a pensar en que no importa. No importa si la reforman. No importa si ponen ahí que el Lago de Managua no está contaminado. No importa si cambian el escudo de Nicaragua por el psicodélico. No importa si ponen en la Constitución la ruta del Canal.

Cuando un grupo de personas tienen el poder que tiene este Gobierno, deja de importar lo que digan las leyes. Y eso es lo que ha venido pasando desde el 2007, y lo que pasaba con los gobiernos anteriores, y lo que pasó en toda la historia reciente de Nicaragua.

Si realmente existen grupos armados en las montañas de Nicaragua con fines políticos, entiendo perfectamente su frustración. Por supuesto que no apoyo la lucha armada, no me siento capaz de pensar en que habría guerra de nuevo en Nicaragua, pero no juzgo a quienes se han armado nuevamente.

8 de octubre de 2013

Ideas

Los últimos días me he estado debatiendo alrededor de hacer las cosas que a uno le gustan o hacer las cosas que nos toca hacer. Al menos, así categorizo yo mis actividades. Intento también mezclar las dos en la medida de lo posible.

¿Cómo se distinguen? ¿Cómo hacemos más lo que nos gusta, o empezamos a tener gustos más amplios más bien?

Hasta cierto punto, nos toca tomar decisiones que definen esto. ¿Quiero seguir trabajando en algo que no me gusta? ¿Estoy dispuesto a poner en riesgo mi trabajo para hacer lo que me gusta? ¿Cómo conocer más lo que queremos hacer, a pesar de lo que tenemos que hacer? ¿Qué es lo correcto?

Así que me puse a pensar pragmáticamente. ¿Qué pasa si, a pesar de que nos toque hacer cosas que no nos gusten, podemos generar algo que nos gusta hacer? Ayudar, por ejemplo.

Solo ordenando algunas ideas...