29 de octubre de 2013

Una reforma sin fondo

Hace ya como un mes un amigo me comentó en privado sobre una reforma constitucional que tuviera como centro permitir la reelección indefinida, mezclandose también con un mecanismo de consulta supra-parlamentario entre empresarios y gobierno. Me dijeron  que 50 artículos se iban a cambiar. Lo primero que pensé fue son capaces, pueden (legalmente), y quien dabe qué más van a querer cambiar.

Ahora que salió en los medios y que ya hay una discusión como las que ha habido desde 2008 que la quieren cambiar, me pongo a pensar en que no importa. No importa si la reforman. No importa si ponen ahí que el Lago de Managua no está contaminado. No importa si cambian el escudo de Nicaragua por el psicodélico. No importa si ponen en la Constitución la ruta del Canal.

Cuando un grupo de personas tienen el poder que tiene este Gobierno, deja de importar lo que digan las leyes. Y eso es lo que ha venido pasando desde el 2007, y lo que pasaba con los gobiernos anteriores, y lo que pasó en toda la historia reciente de Nicaragua.

Si realmente existen grupos armados en las montañas de Nicaragua con fines políticos, entiendo perfectamente su frustración. Por supuesto que no apoyo la lucha armada, no me siento capaz de pensar en que habría guerra de nuevo en Nicaragua, pero no juzgo a quienes se han armado nuevamente.

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