3 de septiembre de 2017

"Fake News" y las Lineas Editoriales

En un Uber en Miami, conocí a un veterano de guerra, marine de 20 años de carrera que se hizo banquero. Hace Uber unas noches a la semana para reducir su deuda relacionada a una maestría en administración. Hace unos $1,500 al mes y los abona al principal, una estrategia inteligente.

Al final de la conversación me dijo que él está seguro que una buena parte de sus colegas militares no creen en los medios de comunicación. Él me dijo que personalmente no consume información del todo, por la misma desconfianza. Cree que son parte de la misma estrategia de los políticos, que los ayudan a mantenerse en el poder y que están sesgados.

Le dije que si bien existen algunos medios que tienen una agenda y derecho a una línea editorial, también existen muchos otros que son periodismo serio y reconocido. Algunos de los mejores periodistas están trabajando para medios de Estados Unidos, al final se trata de tener la capacidad de analizar y distinguir lo que está dentro de la línea editorial y lo que no. Si bien no descartó mi argumento, el conductor estaba básicamente aferrado a su forma de ver el mundo y decepcionado de los medios masivos.

Estuve pensando un poco en lo que me dijo el conductor de Uber, y en realidad su enojo con los medios no es algo completamente inválido. En realidad es muy compleja la situación de los medios, y tomando en cuenta que ya la polémica de las “fake news” es hasta utilizada como un instrumento político, hay que tener una discusión al respecto.

Cuando la industria de los periódicos nació, el espacio donde tuvo un mayor desarrollo por el tema de las distancias y la cultura fue Estados Unidos. Los diarios, con un espacio y tiempo limitados para presentar su producto, se volvieron parte de la vida de las ciudades donde operaban. Pero además de delimitarse geográficamente, se alineaban ideológicamente, o en un espectro de los temas importantes del momento.

Charles Dudley Warner en su ensayo “The American Newspaper” de 1881 lo explica claramente, indicando que las líneas editoriales y los artículos de opinión revelan cómo los propietarios o directivos de cada empresa mediática ven el mundo. Estas visiones, contrapuestas con la competencia, tienen sus lectores. Esos lectores, pueden estar a favor de la visión del mundo de su diario, y probablemente, al otro lado del espectro, están quienes tienen una visión opuesta, con su propio medio de comunicación reforzándola.

Al informarnos con medios que “piensan” como nosotros, terminamos teniendo una visión del mundo filtrada por la línea editorial con la que nos sentimos bien. Nuestras creencias se van reforzando con el tiempo, y el público cautivo forma una colectividad con la que terminamos identificándonos.

Con la globalización y el internet, las barreras para informarnos terminan siendo bajísimas. Cada vez más medios de comunicación digitales tienen audiencias más globales. Ya no tenemos que elegir entre el periódico conservador y el periódico liberal de la ciudad donde vivimos, sino que podemos acceder gratis a informarnos en cualquier tipo de medio que elijamos, casi en cualquier idioma.

El internet ha permitido que conozcamos cada vez más del mundo, y con una diversidad de medios de comunicación elevadísima. Esto también ha sido aprovechado por algunos para fabricar noticias falsas, darle legitimidad a mentiras, y darle espacio a ideologías discriminadoras y totalitarias. Sumado a las redes sociales, donde las identidades son un enigma, la credibilidad es algo muy escaso. Pero no podemos quedarnos como el conductor de Uber, sin informarnos del todo.

Las noticias falsas son una realidad, son negativas para todos los medios y para los lectores. Pero no hay que confundir una línea editorial definida, formal y seria con medios que se dedican a fabricar las noticias a su conveniencia. ¿Cómo hacemos?

Como lectores, y consumidores de información, tenemos la cada vez más difícil tarea de elegir con cuáles medios nos informamos, y en quiénes decidimos creer. Pero también, de manera consciente necesitamos reconocer y asumirla responsabilidad de informarnos con un espíritu crítico, haciendo un análisis de lo que se nos presenta.

14 de marzo de 2017

Bitcoin y Blockchain

El bitcoin es una moneda virtual, que cuenta con la característica de ser, al mismo tiempo, una antimoneda de acuerdo a los estándares a que estamos acostumbrados. A diferencia de una divisa nacional, como el córdoba, el bitcoin no es emitido por una autoridad monetaria, no existe en formas físicas, no está respaldado por un Estado, ni está diseñada para ser controlada por entidades centrales o regulatorias.
-Entonces-, ¿cómo funciona? Hace poco quise explicarlo a un grupo de financieros, y fracasé en el intento. Decidí comprar un bitcoin en enero, para entenderle mejor, a través de la posesión del mismo, al concepto completo de la cripto-moneda más popular del mercado.
Investigando un poco en línea, el primer paso sería elegir un proveedor para tener mi “billetera” de bitcoin, similar a una cuenta bancaria. El proveedor, valga la aclaraciónm no es un intermediario financiero ni está regulado por nadie.
Abrir estas billeteras es sencillo, y para autenticarse basta con escanear una identificación, un código al celular y validación de correo electrónico. El número de billetera tiene 34 números y letras, como parte de la seguridad. Ese número funciona sobre el "blockchain", que explico más adelante, y es un identificador único.
Para comprar mi primer bitcoin tenía que hacer una transferencia bancaria a la cuenta de la empresa donde abrí mi billetera. Preferí pedirle a un colega con cuentas en Estados Unidos que me hiciera el favor de comprarme un bitcoin, y que me lo transfiriera a mi billetera. Le tomó menos de 15 minutos hacer la operación y le di el efectivo. Esta empresa cobra comisiones por transferencia y ofrece tarjetas de débito Visa sobre las cuentas de bitcoin, que son enviadas por correo postal.
Unos días después, mi bitcoin tenía un valor de US$100 más del que lo había comprado. La demanda del mismo en China hizo que los precios en enero se dispararan, por la alta demanda. Sin entrar en más detalles, solo mencionaré que lo vendí a buen margen sobre la inversión.
¿Cómo se crea un bitcoin? Con capacidad de procesamiento. Empresas que tienen suficientes servidores dedican dicha capacidad a servir como intermediarios del resto de los usuarios, y a través de un software, validan las transacciones que se hacen. De manera aleatoria, por esta función de validación, reciben un bitcoin que se genera.
Cada una de las transacciones queda en un “libro de bancos” público y digital, con la información de los usuarios está anonimizada. Este es el "blockchain". Block, o bloque, referido a las transacciones que se van incluyendo. "Chain", o cadena, porque se ordenan de manera cronológica y concatenada, siendo posible rastrear cada bitcoin hasta el origen del mismo, si alguien lo desea.
El elemento criptográfico, o anónimo de estas transacciones ha hecho que el bitcoin sea usado para la compra de drogas ilegales, pornografía y contraseñas de cuentas hackeadas, de manera que los proveedores y clientes quedan sin conocerse y anónimos, todo en línea. Esta ha sido una crítica seria, puesto que se eliminan intermediarios y maneras de rastrear la transacción. A esos críticos se les olvida que el efectivo funciona parecido. No importa quién lo tuvo antes, sigue valiendo lo mismo.
Otra particularidad es que el creador tanto del bitcoin como del blockchain nadie sabe quién es. Apareció una tesis en internet de un Satoshi Nakamoto – un Juan Pérez – y de manera colaborativa, sus reglas se aplicaron en el software.
Esencialmente es la comunidad que posee el bitcoin, confiando en el sistema colaborativo, la que le da valor y se autoregula en un mercado público.
El blockchain sustituye la necesidad de intermediación de una institución, puesto que la confianza se deposita en esa estructura, en el software de código abierto y los operarios mismos. En otras palabras, el blockchain permite que este 'commodity', que también es método de pago, sea aceptado por todos. Los usos del blockchain pueden ir desde casos como 'commodities' hasta votos, expedientes médicos y registros públicos.
El 10 de marzo, la Comisión de Intercambio de Valores de Estados Unidos determinó que el bitcoin no debe ser transado en la Bolsa como fondos cotizados (ETF), puesto que no hay mecanismos creados por otros Estados para evitar la manipulación y usos indebidos del bitcoin.
Hoy, hay 19 mil millones de dólares en valor en el blockchain de bitcoin. Hasta el momento, está claro que no es una divisa común y corriente. Pero, ¿es la forma – 100% digital la que se presenta – el  futuro de todas las divisas?